La búsqueda del camino es eterna.
Pero ¿a dónde?
Los destinos finales se definen a cada segundo.
Todos somos vagabundos en el mismo páramo.
Y nadie habla un mismo idioma.
Cuando yo encontré la brújula me dirigí al norte.
El frío llegó con la distancia y busqué abrigo.
Encontré a un foráneo que seguía la misma pista y compartimos la cueva
Eso pasó hace 7 siglos y desde entonces nos abrazamos cada noche frente a la fogata.
Aún no hablamos el mismo idioma, y probablemente jamás lo hagamos, pero seguiremos caminando hacia
el norte sin pausa y sin demasiada prisa.