Nada iguala el sabor de este veneno mental. Tus recuerdos son caníbales que me consumen en cada dejavú. Vivo creyendo que mi realidad es un sueño del que pronto despertaré en tus brazos, entre tus piernas.
¿Vivo?... Cuando te sueño vivo!!!
Cierro los ojos y viajo hasta el minuto incidental en que tus manos recorrieron mi piel mientras gritaba Cerati en estéreo en aquel espacio prohibido.
Respiro cada melodía oculta de cuerdas y te siento. Suave y adentro. Te siento. No abro los ojos y el play prolonga el giro, el paseo por las nubes, tu pelo, mis manos. Una estridente guitarra que llora interminable y la tempestad de mi alma que se esconde en una mentira.
¿Creo en el amor?... Desde luego!!!
Yo me ví en tus ojos y me incendié. Ahí me quedo para siempre. En el divino reflejo de lo que deseo ser. Y no importa cuantas vidas pasen, yo te voy a seguir extrañando.
Ya no duele. Para mí el vacío ya es un lugar normal. Así se siente cuando la verdad es la palabra sometida.