No te imaginas como tengo los cimientos de mi vida cariño.
Están todos desmoronados. Me siento sola, triste e infantil. Me siento culpable
de este bochornoso espectáculo. Debería parar, pero no puedo.
Mi legado en conmemoración a lo que queda de mi devastado
espíritu son estas cartas ilegales y casi sin sentido. Son las noches
narcóticas y ebrias que guían mi lírica hacia una confesión interminable de
desesperación. Horrible en verdad. Nada romántico.
Recuerdo la noche en que me dijiste que no. Que tu misión conmigo
era otra. No lo entendí entonces. Ahora creo que ya tiene sentido. Este es el
karma que estoy pagando. Habré roto mil corazones en mi vida anterior y a mi
me lo deben romper mil veces en esta vida.
Tenerte cerca me rompe el corazón cada segundo. Creo que
estoy pagando mi deuda con intereses usurarios. Pero bueno, espero que sea lo
justo porque duele muchísimo.
Yo fui cobarde desde el día 1 contigo. Cuando por fin me
animé después de años, me rechazaste. Bueno, los contextos eran tan diferentes.
Cuando nos conocimos estabas más que enamorado y cuando te dije lo que sentía
estabas más que desilusionado del amor.
Entiendo en el fondo. Tu relación contigo es más útil así, que si me dieras una oportunidad a tu lado. Yo misma te enseñé que no podes
trabajar con tu mujer. No reniego de mi consejo. Siempre fui honesta contigo.
Tampoco es la primera vez que me pasa. Todos los hombres me prefieren a su lado
para que sea la administradora de su suerte con el dinero y el éxito.
Hago bien ese papel así que acá me quedo. Acobardada en el
lugar que siempre fue mio.
Nunca le confesé esto a nadie. Pero es tan cierto, y a
veces, tan injusto con mi corazón. Pero bueno, disfruto el viaje en el asiento
que me toca. No puedo quejarme.